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FELIPA EN CARNE VIVA -- Capítulo 12

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  Buenos Aires, septiembre de 1820 Alejo entró a la casa por la cocina precedido por el canto del gallo rojo que dominaba en el gallinero de Abelarda. Era de madrugada, el sol apenas se desperezaba. Se despojó del grueso poncho de lana de vicuña que dejó tirado sobre un banco de caderas y cuero de vaca. Se sentó cerca del fogón ya encendido. Abelarda pronto aparecería, seguramente con una canasta llena de huevos. -- Y usté, ¿quién e´? -- se sobresaltó Asunta. Tomó la escoba que estaba cerca de la puerta y se dispuso a golpear al desconocido. -- Quieta negrita, soy yo, Alejo, ¿no me reconoces? -- el muchacho se paró de un salto y tomándola de la cintura la hizo girar. La negra, sorprendida, comenzó a reír. -- Abájeme pué, patroncito, flor de susto me dio apareciéndose así de sopetón. La Felipa, ¿sabe que llegó? -- le preguntó mientras se arreglaba el delantal y ajustaba el moño del pañuelo rojo que sujetaba su cabello crespo. -- No, recién llego. ¿Y Abe?  -- ¿Qui...

FELIPA EN CARNE VIVA --- Capítulo 11

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  San Nicolás de los Arroyos, 2 de agosto de 1820 "Aquí estoy amor mío, en el campamento, mi único hogar en este largo tiempo lejos de ti. Acerco mis manos entumecidas por el frío que arrecia esta noche en la pequeña fogata que uno de mis compañeros encendió en un vano intento por calentar nuestros cuerpos desprovistos de abrigo. Uno de los oficiales nos repartió algunos ponchos y quillangos, pero no es suficiente. Igualmente en la lucha se nos olvida el frío y el hambre, sólo pensamos en matar para vencer...y ayer, finalmente, lo logramos. Por un momento tuve la esperanza de que volveríamos a nuestras casas, pero todo fue una tonta ilusión. El gobernador Dorrego insiste en enfrentar nuevamente a López y esta vez en territorio santafesino, en los pagos de Pavón. Don Juan Manuel y don Martín no están muy convencidos, sin embargo aflojaron ante la insistencia entusiasta de Dorrego. ¡Mala suerte!, otra vez a poner el cuerpo en el campo de batalla. A esta altura ya no sé por qué peleo...

FELIPA EN CARNE VIVA -- Capítulo 10

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  Arribaron a la casa de la ciudad poco después del mediodía. Trasladaron a doña Rosaura a su habitación con sumo cuidado. Ella apenas se quejó. Una vez bien arropada en su cama y luego de tomar un caldo de verduras que toleró bien, durmió hasta bien entrada la tarde. Rosario picoteó algo del guiso de liebre que se esmeró en cocinar Abelarda. Don Manuel estaba de buen humor. Algo inusual en él. Luego de almorzar se encerró en la biblioteca con el pretexto de estudiar algunas escrituras. Felipa comió en el dormitorio de doña Rosaura. Estaba inapetente pero se forzó a comer, debía tener energía para cuidar de Rosaura y Rosario. La puerta se abrió y Felipa pegó un respingo. -- No te asustes, soy yo -- al ver a Felicitas casi se desmaya del alivio. Por un segundo pensó que era don Manuel. -- ¡Felicitas!, ¡que alegría verte! -- dejó el plato de guiso sobre la cómoda y fue a su encuentro. Se abrazaron. -- ¡Ey! Te alegras como si no me hubieras visto por años, ¿pasó algo en...

FELIPA EN CARNE VIVA --- Capítulo 9

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  Esa mañana, luego de dejar a Felipa llorando en el galpón, Alejo regresó a la casa malhumorado y decidido a darle una lección. Por supuesto que no se iría solo, la seguiría esperando hasta la eternidad si fuera necesario. Claro, eso ella no lo sabía y Alejo se regodeaba en la incertidumbre que sembró en el corazón de Pipa. "Se lo tiene merecido, ¡que sufra!, así como me hace sufrir a mí", pensó enfadado. Tan enfrascado estaba en sus pensamientos que pasó distraído por la sala sin percibir la presencia de su padre conversando con un militar. El vozarrón de Manuel lo detuvo antes de poder subir la escalera que lo llevaba al primer piso donde se encontraba  su dormitorio. -- ¡Alejo! Mira quien ha venido a visitarnos -- Manuel se mostraba alegre, actitud que hizo desconfiar al joven. Al acercarse reconoció a la otra persona que permanecía sentada bebiendo jerez. -- Don Juan Manuel. ¡Que gusto verlo! -- un apretón de manos confirmó la mutua simpatía que se pro...