FELIPA EN CARNE VIVA, Capítulo 17
"Amo el amor que puede ser eterno y puede ser fugaz". Pablo Neruda Rosaura se llevó una mano al pecho cuando escuchó la detonación. Todos en el salón contuvieron la respiración. ¿Qué había ocurrido? Abelarda fue la primera en correr hacia la puerta de entrada. La abrió con violencia y un ¡oh! de sorpresa y consternación se dibujó en su boca. Rubén, erguido, apuntaba a los jinetes que cabalgaban a lo lejos con un rifle Harpers que Manuel le había ganado a los dados a un soldado inglés durante las invasiones inglesas de 1807. Un nuevo disparo retumbó en los oídos de los testigos mudos de espanto. A pesar de la distancia que los separaban, Rubén consiguió en esa oportunidad dar en el blanco. Y el blanco fue Rosario. Rosaura, tiesa como un estaca en medio del salón, escuchó las sonoras carcajadas de Rubén que llegaban desde afuera. Darío fue en busca de su hermano. ¿Qué había sucedido? Felicitas se abrazó a su madre temiendo lo peor. No quería escuchar...no quería ver...